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Respuesta a la Elección de 2016

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Hoy nos encontramos al final de un proceso electoral históricamente fuerte y contencioso que ha durado por más de 18 meses. Al despertar hoy, conocemos a los ganadores de cada elección Federal, Estatal y Local. Conocemos los asuntos y referendos que fueron aprobados, y los que no. Sin embargo, entre las cosas que todavía nos quedan por saber, es cómo estas decisiones impactarán nuestra nación y nuestro futuro.

Independientemente de a quien apoyó en esta elección, todos podemos estar de acuerdo en que tenemos que seguir siendo fervientes en la oración.

1) Ore por nuestros líderes.
La primera elección presidencial que vimos en la historia de las Asambleas de Dios fue hace 100 años en 1916. La elección de 1916 fue una de las elecciones más reñidas en la historia de los Estados Unidos. Realmente la nación estaba dividida. La elección fue tan reñida que los resultados se supieron luego de varios días. La estrecha victoria de Woodrow Wilson, se redujo a 3.800 votos el colegio electoral en California.

La portada del Evangelio Pentecostal (Pentecostal Evangel) del 11 de noviembre de 1916 hizo un llamado a la oración ferviente, decía:  «que Dios conceda sabiduría divina al recién electo presidente de los Estados Unidos durante los próximos cuatro años, para que nuestra nación pueda ser gobernada sabiamente y preservada en paz en medio de estos ‘tiempos peligrosos’ en los que vivimos».

Hoy yo quiero hacerme eco al llamado que hicieron nuestros líderes hace un siglo. Dado que cuando Donald Trump entre en la Oficina Oval, él necesitará la sabiduría de Dios.

Pablo nos enseña en 1 Timoteo 2: 1-2, «
Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres;  por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad».

Cuando Pablo emitió este llamado para orar por la autoridad gubernamental, fue en un periodo donde el imperio romano era malvado y corrupto, cuyos líderes no sólo eran hostiles al floreciente movimiento cristiano, sino que querían aniquilarlo. Sin embargo, Pablo instó a los creyentes a orar por estos líderes. ¡Cuánto más no deberiamos orar por nuestros líderes en los Estados Unidos!

Orar fervientemente por los líderes a nivel local, estatal y nacional. Oremos para que el Espíritu Santo se mueva en el corazón de quienes toman las decisiones dentro de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial de nuestro gobierno.

2) Ore por los problemas que estamos enfrentando.

Como aquellos líderes de las Asambleas de Dios, los cuales convocaron a toda la fraternidad a la oración en 1916, también eran «tiempos peligrosos». La Revolución Mexicana estaba arrasando en nuestra frontera sur. Europa estaba en medio de la Primera Guerra Mundial, una guerra a la que entraría pronto los Estados Unidos.

Hoy, nuestros retos son diferentes, pero cada vez son más graves. Nuestra libertad más básica, la libertad religiosa, se ha enfrentado a la mayor amenaza en la historia de nuestra nación. Las amenazas que las políticas recientes han presentado a la educación superior cristiana son enormes. Una persona con puntos de vista evangélicos, encuetra un camino difícil, si no imposible, en las citas de los tribunales federales. De hecho, es la primera vez en la historia de nuestra nación sin un evangélico en la Corte Suprema. Únase a mí en la oración para que el presidente electo Trump honre su compromiso de nombrar jueces con valores bíblicos.

Los fundadores de esta Fraternidad sabían que nuestra esperanza no podía encontrarse en una personalidad política o en el gobierno. Ellos sabían que nuestra esperanza estaba fundada únicamente en Jesucristo.

Hoy, también sabemos que nuestra esperanza no se encuentra en la Oficina Oval. Nuestra esperanza no se encuentra en el Congreso. Nuestra esperanza no se encuentra en el Tribunal Judicial. Tenemos la misma esperanza que hicieron hace un siglo: nuestra esperanza está y se mantiene solamente en Cristo.

Pero recordemos entrelazar nuestra fe y la acción. Por eso les insto y les sugiero a que participen en su comunidad y que todo lo que haga que sea con amor. Haga que su voz sea escuchada ante sus representantes a nivel local, estatal y federal. Sea un agente activo en traer el cambio en nuestra nación.

3) Ore por un despertar espiritual.

A pesar de que los desafíos de nuestra nación son muy grandes, nuestro Dios es mayor. Necesitamos desesperadamente un gran despertar espiritual. Que el Espíritu Santo haga una obra en nuestro corazón, en nuestras iglesias, en nuestras comunidades que repercutirán en toda nuestra nación.

Aquellos líderes que hicieron el llamado a la oración en 1916 enfrentaban desafíos en la sociedad y también dentro de la comunidad que les tocó vivir. Ellos tenían fe en que Dios se movería poderosamente. Estoy seguro de que nunca podrían haber imaginado cómo Dios multiplicaría sus oraciones, fe y esfuerzos en un movimiento que hoy es global, que agrupamos más de 67.9 millones de miembros en más de 365.000 iglesias con innumerables vidas que diariamente son transformadas por el poder de Dios.

Únaseme en creer que viene el mayor despertar espiritual que este mundo haya conocido nunca antes.

Que el grito de Habacuc despierte en nuestro corazón: «
Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer».

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